Hace 30 años, el historiador John Luckacs culminaba su The last european war –un maravilloso estudio del período entre septiembre de 1939 a diciembre de 1941– con un comentario sobre lo que se percibía, entonces, como el inicio de una explosión de conocimiento por la multiplicación de las fuentes bibliográficas. Resumía sus años de experiencia como investigador en tres consejos: Bisogna saper leggere, Bisogna saper ascoltare y, en ocasiones, también Bisogna saper vedere. Sería apasionante discutir hasta qué punto Luckacs había advertido los inicios de lo que hoy llamamos “multimedia”, pero quiero resaltar la pervivencia de estos tres consejos.
El 16 de abril, un estudiante de 23 años asesinó, con armas de mano, a 32 personas en la Universidad Estatal e Instituto Politécnico de Virginia, en la ciudad de Blackburg, y luego se suicidó cuando la policía ingresaba al edificio donde había efectuado la matanza. Es comprensible la sorpresa y el dolor causado por este evento: Cho Sueng–Hui –el asesino– ha llevado el total de víctimas por tiroteos en escuelas de EE.UU., desde 1996, a 110 muertes.[1] Hay, entonces, varios enfoques posibles.
El primero, constructivo y comprometido, el debate sobre el control de armas. Está ausente, al menos de momento, en los medios estadounidenses, hasta tal punto que en el editorial de la edición de esta semana del prestigioso semanario británico The Economist, puede leerse:
“Cuando se trata de la mayoría de los productos peligrosos –sean drogas, cigarrillos o autos veloces– este periódico aboga por una aproximación más liberal que la que realiza el gobierno Americano. Pero cuando se trata de armas de mano, armas automáticas y otras cosas específicamente diseñadas para matar gente, creemos que el control es necesario, y no sólo porque el fracaso para tratar con tales dispositivos de violencia a menudo significa que otras libertades deben ser coartadas. En lugar de un debate sobre armas, América mantiene un debate sobre la seguridad en los campus.”[2]
Se estima que circulan, en EE.UU., 240 millones de armas, para una población que supera los 300 millones. Vale decir, hay más de un arma por cada adulto, lo que permite comprender la importancia económica de ese mercado. El debate gira en torno al derecho de portarlas, que se encuentra reconocido en la Segunda Enmienda constitucional. El uso y el comercio de armas son defendidos, entre otros, por la poderosa “Asociación Nacional del Rifle”. Mediante técnicas sostenidas de cabildeo ha logrado que, incluso ahora, ningún líder político se pronuncie a favor de la prohibición, y ha logrado combatir con éxito los intentos de limitar la tenencia de armas pequeñas durante la administración Clinton. Párrafo aparte, mientras los defensores del control de armas argumentan que leyes más estrictas hubieran podido evitar o aminorar la masacre –en el estado de Virginia puede comprarse un arma por mes–; los defensores de la portación de armas contestan “Si las armas hubieran estado permitidas en el campus, esto no habría pasado. Quizá hubieran muerto una o dos personas, pero antes de que cayera la tercera, el asesino habría sido abatido por alguien con un arma.”[3]
No es de sorprender que esta defensa provenga de un vendedor profesional de armas. Existe fundada evidencia, y la cobertura de The Economist lo ratifica, que la actitud de los estadounidenses respecto de las armas ha cambiado para mejor en las últimas décadas. Pero la estridente voz del cabildeo armamentista –sin olvidar el financiamiento de sus órganos de prensa– le brinda un enorme poder al mantener el asunto como eje de campaña.
Otro enfoque posible, psicológico, ha puesto el acento en las motivaciones del asesino. La cadena NBC informó, el 18 de abril, haber recibido un paquete postal con un “manifiesto” –extraña elección del término para un pensamiento que no aparece muy articulado– del asesino, que incluía 43 fotografías, unas 1800 palabras, y varios fragmentos de video. Las fotografías, ampliamente difundidas, muestran a Cho Sueng–Hui posando con sus armas automáticas, un cuchillo y un martillo, apuntando ora a la cámara, ora a su cabeza o apoyando el cuchillo en su garganta. Su vestimenta y su actitud, cuidadas, resultan más propias de una campaña de mercadeo de películas o juegos de video que de la tranquila reflexión de un campus universitario. Un amplio porcentaje de las no menos de 2500 entradas en la página de NBC sobre las fotografías manifestaron el desagrado ante la presencia de las fotos en el portal, y la preocupación de que la glorificación de las motivaciones y la imagen del asesino tuvieran, como efecto, la emulación de su comportamiento. A mayor abundamiento, en los fragmentos publicados de ese documento puede leerse al menos una referencia a “…mártires como Eric y Dylan…”. Eric Harris y Dylan Klebold mataron a 12 personas en Columbine, Ohio, en 1999, historia que fuera recogida por Michael Moore en su documental “Bowling for Colombine”. Tampoco sobrevivieron al ataque.
Un tercer enfoque, más optimista, pone el acento en el heroísmo. Entre las víctimas se cuenta al profesor Liviu Librescu, de 76 años de edad. Rumano de nacimiento, Librescu sobrevivió al Holocausto, luego emigró de Rumania en 1978 y, tras vivir en Israel, se afincó en EE.UU. en 1984. Fue visto con vida por última vez bloqueando con su cuerpo la puerta de acceso del aula, mientras ordenaba a sus alumnos que saltaran por las ventanas. Y para agregar un elemento más al dolor, fue asesinado vísperas del Yom Ha–Shoa, o Día del Recuerdo a los Mártires del Holocausto, originalmente establecido en conmemoración al primer levantamiento del ghetto de Varsovia, en la Segunda Guerra Mundial.[4] Librescu nos recuerda aquellas capacidades que nos distinguen como especie: la empatía, el sacrificio, la necesidad de trascender a los peligros e incluso a la muerte. Para esas virtudes no existe tiempo, ni edad.[5]
Pero también existe, como en todo evento histórico, un enfoque más pragmático, proclive a la utilización política del evento. Como ejemplo, la cobertura realizada por The Washington Times. Fundado en 1982 , es el medio de expresión neoconservador por excelencia.[6] En su editorial del 19 de abril deploraba que siquiera se discutiera la posibilidad de ejercer un mayor control sobre la venta de armas en EE.UU., y criticaba a los pocos representantes políticos –como Carolyn McCarthy, congresista demócrata por Nueva York– que se atrevieron a solicitar mayor dureza con las armas. Pero hasta allí, sería tan sólo un episodio más del permanente conflicto cultural que, sobre diferentes temas, existe en EE.UU.[7]
El mismo 18 de abril, una de las columnas de opinión fue firmada por Hellen Dale.[8] Establece un paralelismo entre el asesino de un grupo de estudiantes indefensos y los atacantes suicidas de la insurgencia iraquí. Tras describir el ataque en la universidad, llama la atención sobre los dos momentos diferenciados que existieron: a las 7:15 el asesino mató a dos personas en los dormitorios. La alarma, por correo electrónico, recién fue librada a las 9:50 am, y pocos minutos después el asesino empezó su ataque final, en el que mató a 30 personas. Luego se sabría –porque el sobre figura como recogido por el cartero a las 9:01 am– que utilizó ese tiempo para terminar de preparar y enviar su correo a la cadena NBC. Haciendo eco de las críticas a la demora de la universidad de dar la alarma –tema discutible, pues un estallido de locura es difícil de prever–, Hale ensaya una defensa de la administración Bush:
"¿La culpa se ata a las acciones del liderazgo de la universidad? Las decisiones tomadas aparecen como incomprensibles a la luz de lo que siguió. Es seguro que tales decisiones serán investigadas. Esta es una tragedia para toda la comunidad universitaria.
En términos de la política exterior Americana e Irak, la culpa invariablemente se ata a la Casa Blanca y al presidente cada vez que ocurre un acto de violencia. Mientras el camino se ha puesto más duro en Irak y la violencia sectaria ha escalado, se ha tendido a culpar a Estados Unidos, en lugar de a los propios perpetradores de la violencia."[9]
Sería un enfoque interesante, si no fuera falso. ¿Cuál ha sido el legado de la administración Bush como respuesta a los atentados del 11–S? La ocupación de Afganistán, lejos de terminar, ha entrado en su sexto año sin que se avizore un final. La invasión de Irak, va ya por el cuarto, y cada día resulta más evidente que la coalición liderada por EE.UU. no ha podido lograr pacificar el país.
El 16 de abril, un estudiante de 23 años asesinó, con armas de mano, a 32 personas en la Universidad Estatal e Instituto Politécnico de Virginia, en la ciudad de Blackburg, y luego se suicidó cuando la policía ingresaba al edificio donde había efectuado la matanza. Es comprensible la sorpresa y el dolor causado por este evento: Cho Sueng–Hui –el asesino– ha llevado el total de víctimas por tiroteos en escuelas de EE.UU., desde 1996, a 110 muertes.[1] Hay, entonces, varios enfoques posibles.
El primero, constructivo y comprometido, el debate sobre el control de armas. Está ausente, al menos de momento, en los medios estadounidenses, hasta tal punto que en el editorial de la edición de esta semana del prestigioso semanario británico The Economist, puede leerse:
“Cuando se trata de la mayoría de los productos peligrosos –sean drogas, cigarrillos o autos veloces– este periódico aboga por una aproximación más liberal que la que realiza el gobierno Americano. Pero cuando se trata de armas de mano, armas automáticas y otras cosas específicamente diseñadas para matar gente, creemos que el control es necesario, y no sólo porque el fracaso para tratar con tales dispositivos de violencia a menudo significa que otras libertades deben ser coartadas. En lugar de un debate sobre armas, América mantiene un debate sobre la seguridad en los campus.”[2]
Se estima que circulan, en EE.UU., 240 millones de armas, para una población que supera los 300 millones. Vale decir, hay más de un arma por cada adulto, lo que permite comprender la importancia económica de ese mercado. El debate gira en torno al derecho de portarlas, que se encuentra reconocido en la Segunda Enmienda constitucional. El uso y el comercio de armas son defendidos, entre otros, por la poderosa “Asociación Nacional del Rifle”. Mediante técnicas sostenidas de cabildeo ha logrado que, incluso ahora, ningún líder político se pronuncie a favor de la prohibición, y ha logrado combatir con éxito los intentos de limitar la tenencia de armas pequeñas durante la administración Clinton. Párrafo aparte, mientras los defensores del control de armas argumentan que leyes más estrictas hubieran podido evitar o aminorar la masacre –en el estado de Virginia puede comprarse un arma por mes–; los defensores de la portación de armas contestan “Si las armas hubieran estado permitidas en el campus, esto no habría pasado. Quizá hubieran muerto una o dos personas, pero antes de que cayera la tercera, el asesino habría sido abatido por alguien con un arma.”[3]
No es de sorprender que esta defensa provenga de un vendedor profesional de armas. Existe fundada evidencia, y la cobertura de The Economist lo ratifica, que la actitud de los estadounidenses respecto de las armas ha cambiado para mejor en las últimas décadas. Pero la estridente voz del cabildeo armamentista –sin olvidar el financiamiento de sus órganos de prensa– le brinda un enorme poder al mantener el asunto como eje de campaña.
Otro enfoque posible, psicológico, ha puesto el acento en las motivaciones del asesino. La cadena NBC informó, el 18 de abril, haber recibido un paquete postal con un “manifiesto” –extraña elección del término para un pensamiento que no aparece muy articulado– del asesino, que incluía 43 fotografías, unas 1800 palabras, y varios fragmentos de video. Las fotografías, ampliamente difundidas, muestran a Cho Sueng–Hui posando con sus armas automáticas, un cuchillo y un martillo, apuntando ora a la cámara, ora a su cabeza o apoyando el cuchillo en su garganta. Su vestimenta y su actitud, cuidadas, resultan más propias de una campaña de mercadeo de películas o juegos de video que de la tranquila reflexión de un campus universitario. Un amplio porcentaje de las no menos de 2500 entradas en la página de NBC sobre las fotografías manifestaron el desagrado ante la presencia de las fotos en el portal, y la preocupación de que la glorificación de las motivaciones y la imagen del asesino tuvieran, como efecto, la emulación de su comportamiento. A mayor abundamiento, en los fragmentos publicados de ese documento puede leerse al menos una referencia a “…mártires como Eric y Dylan…”. Eric Harris y Dylan Klebold mataron a 12 personas en Columbine, Ohio, en 1999, historia que fuera recogida por Michael Moore en su documental “Bowling for Colombine”. Tampoco sobrevivieron al ataque.
Un tercer enfoque, más optimista, pone el acento en el heroísmo. Entre las víctimas se cuenta al profesor Liviu Librescu, de 76 años de edad. Rumano de nacimiento, Librescu sobrevivió al Holocausto, luego emigró de Rumania en 1978 y, tras vivir en Israel, se afincó en EE.UU. en 1984. Fue visto con vida por última vez bloqueando con su cuerpo la puerta de acceso del aula, mientras ordenaba a sus alumnos que saltaran por las ventanas. Y para agregar un elemento más al dolor, fue asesinado vísperas del Yom Ha–Shoa, o Día del Recuerdo a los Mártires del Holocausto, originalmente establecido en conmemoración al primer levantamiento del ghetto de Varsovia, en la Segunda Guerra Mundial.[4] Librescu nos recuerda aquellas capacidades que nos distinguen como especie: la empatía, el sacrificio, la necesidad de trascender a los peligros e incluso a la muerte. Para esas virtudes no existe tiempo, ni edad.[5]
Pero también existe, como en todo evento histórico, un enfoque más pragmático, proclive a la utilización política del evento. Como ejemplo, la cobertura realizada por The Washington Times. Fundado en 1982 , es el medio de expresión neoconservador por excelencia.[6] En su editorial del 19 de abril deploraba que siquiera se discutiera la posibilidad de ejercer un mayor control sobre la venta de armas en EE.UU., y criticaba a los pocos representantes políticos –como Carolyn McCarthy, congresista demócrata por Nueva York– que se atrevieron a solicitar mayor dureza con las armas. Pero hasta allí, sería tan sólo un episodio más del permanente conflicto cultural que, sobre diferentes temas, existe en EE.UU.[7]
El mismo 18 de abril, una de las columnas de opinión fue firmada por Hellen Dale.[8] Establece un paralelismo entre el asesino de un grupo de estudiantes indefensos y los atacantes suicidas de la insurgencia iraquí. Tras describir el ataque en la universidad, llama la atención sobre los dos momentos diferenciados que existieron: a las 7:15 el asesino mató a dos personas en los dormitorios. La alarma, por correo electrónico, recién fue librada a las 9:50 am, y pocos minutos después el asesino empezó su ataque final, en el que mató a 30 personas. Luego se sabría –porque el sobre figura como recogido por el cartero a las 9:01 am– que utilizó ese tiempo para terminar de preparar y enviar su correo a la cadena NBC. Haciendo eco de las críticas a la demora de la universidad de dar la alarma –tema discutible, pues un estallido de locura es difícil de prever–, Hale ensaya una defensa de la administración Bush:
"¿La culpa se ata a las acciones del liderazgo de la universidad? Las decisiones tomadas aparecen como incomprensibles a la luz de lo que siguió. Es seguro que tales decisiones serán investigadas. Esta es una tragedia para toda la comunidad universitaria.
En términos de la política exterior Americana e Irak, la culpa invariablemente se ata a la Casa Blanca y al presidente cada vez que ocurre un acto de violencia. Mientras el camino se ha puesto más duro en Irak y la violencia sectaria ha escalado, se ha tendido a culpar a Estados Unidos, en lugar de a los propios perpetradores de la violencia."[9]
Sería un enfoque interesante, si no fuera falso. ¿Cuál ha sido el legado de la administración Bush como respuesta a los atentados del 11–S? La ocupación de Afganistán, lejos de terminar, ha entrado en su sexto año sin que se avizore un final. La invasión de Irak, va ya por el cuarto, y cada día resulta más evidente que la coalición liderada por EE.UU. no ha podido lograr pacificar el país.
E inclusive, en el punto específico de atacar a la red al Qaeda, el fracaso es más que evidente. Como ha dicho Danyel Bayman, “La red terrorista [al Qaeda] estaba en terapia intensiva después del 11 de Septiembre –hasta que se abrió un nuevo frente en Bagdad y se reavivó su misión.”[10]
Yerra Hale al proponer que una decisión individual –los asesinatos cometidos por Cho Sueng–Hui– pueden asimilarse a un proceso de toma de decisiones –como el que llevó a la invasión y ocupación de Irak–. Son fenómenos diferentes en lo cuantitativo y en lo cualitativo. Yerra, también, en interpretar que el atacante de un puñado de estudiantes indefensos puede asimilarse al convencido militante del fundamentalismo islámico que cree que al morir matando logrará la entrada en el paraíso.
No yerra, sin embargo, en producir discursos que, con tanta liviandad, proponen relaciones aparentes entre procesos disímiles o fuerzan, con cierta belleza estilística y cierta aura de autoridad académica, las categorías de análisis. La reiteración y multiplicación de las ideas constituye, en muchas ocasiones, suficiente argumento en su defensa, y cualquiera puede encontrar, en su propia memoria, varios ejemplos concretos: la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, o la vinculación de Saddam Hussein con los ataques del 11–S son ejemplos internacionales, recientes y vinculados a esta temática. Pero también los hay a nivel nacional, regional y local. Contra tales tentativas de manipulación nunca se pueden exagerar las precauciones. Bisogna sapere leggere, con más razón en los tiempos de la hipertextualidad.
Raúl J. Maldonado.
[1] Fuente: la ONG International Action Network on Small Arms, http://www.iansa.org/. El total mundial, según la misma fuente y para el mismo período, es de al menos 498 personas.
[2] America´s Tragedy, en The Economist, 19–4–07.
[3] La declaración pertenece a John Markell, el vendedor de la Glock 9 mm que utilizó Cho para la masacre. Vease Si las armas estuvieran permitidas en el campus, esto no habría ocurrido”, http://www.elpais.com/articulo/internacional/armas/estuvieran/permitidas/campus/habria/ocurrido/elpepuint/20070419elpepiint_10/Tes?print=1
[4] Desde el 15 de noviembre de 1940 fueron encerrados, en el “gueto de Varsovia”, 430.000 judíos. Las condiciones de vida eran infrahumanas. El 22 de julio de 1942 se inició el traslado a los campos de exterminio. El 19 de abril de 1943 la Organización Judía de Combate, liderada por Mordecai Anielewicz, inició un levantamiento en toda regla. Lograron resistir un mes, sin apoyo externo de los aliados, pero finalmente 13.000 civiles fueron asesinados, y otros 50.000 remitidos a los campos de exterminio, en particular Treblinka. Entre agosto y octubre de 1944, un nuevo levantamiento también fracasó en Varsovia, cuando ya los aliados se encontraban en posición de poder asistir a los insurgentes, sin que haya habido acuerdos entre Roosevelt, Churchill y Stalin para que la asistencia llegara en tiempo útil.
[5] George W. Bush refirió a Librescu como héroe en un discurso del 18 de abril. También le fue otorgada la “Estrella de Rumania” por el presidente rumano, Traian Băsescu, el mismo 18 de abril. Băsescu fue suspendido en sus funciones durante un mes, por cargos de corrupción, al día siguiente.
[6] Su creación, para competir con el liberal Washington Post, fue financiada por el reverendo Sun Myung Moon, y su “Iglesia de la Unificación”, de marcada tendencia antiliberal y anticomunista. Al respecto, incluyendo la visita de Moon a Buenos Aires en 1996, puede verse Eric LAURENT, El mundo secreto de Bush, Bs. As., Ediciones B, pág. 134 y ss.
[7] Valga recordar que el 18 de abril la Corte Suprema de EE.UU. ratificó la prohibición de una práctica abortiva, llamada de “dilatación y extracción”, al considerar que tal prohibición no viola el derecho a abortar de las mujeres.
[8] The evil men do, http://www.washingtontimes.com/op-ed/20070417-091721-5163r.htm. Dalle es miembro de la Heritage Foundation, el más antiguo y prestigioso de los think tanks neoconservadores, desde 2002.
[9] http://www.washingtontimes.com/functions/print.php?StoryID=20070417-091721-5163r.
[10] Who wins in Irak?, en Foreing Policy, March/April 2007.
Yerra Hale al proponer que una decisión individual –los asesinatos cometidos por Cho Sueng–Hui– pueden asimilarse a un proceso de toma de decisiones –como el que llevó a la invasión y ocupación de Irak–. Son fenómenos diferentes en lo cuantitativo y en lo cualitativo. Yerra, también, en interpretar que el atacante de un puñado de estudiantes indefensos puede asimilarse al convencido militante del fundamentalismo islámico que cree que al morir matando logrará la entrada en el paraíso.
No yerra, sin embargo, en producir discursos que, con tanta liviandad, proponen relaciones aparentes entre procesos disímiles o fuerzan, con cierta belleza estilística y cierta aura de autoridad académica, las categorías de análisis. La reiteración y multiplicación de las ideas constituye, en muchas ocasiones, suficiente argumento en su defensa, y cualquiera puede encontrar, en su propia memoria, varios ejemplos concretos: la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, o la vinculación de Saddam Hussein con los ataques del 11–S son ejemplos internacionales, recientes y vinculados a esta temática. Pero también los hay a nivel nacional, regional y local. Contra tales tentativas de manipulación nunca se pueden exagerar las precauciones. Bisogna sapere leggere, con más razón en los tiempos de la hipertextualidad.
Raúl J. Maldonado.
[1] Fuente: la ONG International Action Network on Small Arms, http://www.iansa.org/. El total mundial, según la misma fuente y para el mismo período, es de al menos 498 personas.
[2] America´s Tragedy, en The Economist, 19–4–07.
[3] La declaración pertenece a John Markell, el vendedor de la Glock 9 mm que utilizó Cho para la masacre. Vease Si las armas estuvieran permitidas en el campus, esto no habría ocurrido”, http://www.elpais.com/articulo/internacional/armas/estuvieran/permitidas/campus/habria/ocurrido/elpepuint/20070419elpepiint_10/Tes?print=1
[4] Desde el 15 de noviembre de 1940 fueron encerrados, en el “gueto de Varsovia”, 430.000 judíos. Las condiciones de vida eran infrahumanas. El 22 de julio de 1942 se inició el traslado a los campos de exterminio. El 19 de abril de 1943 la Organización Judía de Combate, liderada por Mordecai Anielewicz, inició un levantamiento en toda regla. Lograron resistir un mes, sin apoyo externo de los aliados, pero finalmente 13.000 civiles fueron asesinados, y otros 50.000 remitidos a los campos de exterminio, en particular Treblinka. Entre agosto y octubre de 1944, un nuevo levantamiento también fracasó en Varsovia, cuando ya los aliados se encontraban en posición de poder asistir a los insurgentes, sin que haya habido acuerdos entre Roosevelt, Churchill y Stalin para que la asistencia llegara en tiempo útil.
[5] George W. Bush refirió a Librescu como héroe en un discurso del 18 de abril. También le fue otorgada la “Estrella de Rumania” por el presidente rumano, Traian Băsescu, el mismo 18 de abril. Băsescu fue suspendido en sus funciones durante un mes, por cargos de corrupción, al día siguiente.
[6] Su creación, para competir con el liberal Washington Post, fue financiada por el reverendo Sun Myung Moon, y su “Iglesia de la Unificación”, de marcada tendencia antiliberal y anticomunista. Al respecto, incluyendo la visita de Moon a Buenos Aires en 1996, puede verse Eric LAURENT, El mundo secreto de Bush, Bs. As., Ediciones B, pág. 134 y ss.
[7] Valga recordar que el 18 de abril la Corte Suprema de EE.UU. ratificó la prohibición de una práctica abortiva, llamada de “dilatación y extracción”, al considerar que tal prohibición no viola el derecho a abortar de las mujeres.
[8] The evil men do, http://www.washingtontimes.com/op-ed/20070417-091721-5163r.htm. Dalle es miembro de la Heritage Foundation, el más antiguo y prestigioso de los think tanks neoconservadores, desde 2002.
[9] http://www.washingtontimes.com/functions/print.php?StoryID=20070417-091721-5163r.
[10] Who wins in Irak?, en Foreing Policy, March/April 2007.
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